LA IMPORTANCIA DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES

 

Con el cambio de Gobierno es un buen momento para que las organizaciones sociales se pregunten cuál es el papel dentro de la democracia y como cumplir ese rol de un modo más efectivo a favor de los ciudadanos. En ese sentido, analizar el mismo concepto del tercer sector puede colaborar con este debate. La división hipotética de la sociedad en tres grandes sectores implica roles diferenciados y en equilibrio inestable. Vale decir, esta concepción incorpora el poder como un componente fundamental. Propone una ecuación en la que el juego de poder, es decir, la habilidad de cada uno de los tres actores, define el tipo de sociedad que resulte e instala los valores que la rigen. Un pequeño ejercicio de imaginación ayudara a visualizar este costado decisivo de la organización social moderna. Si representáramos la sociedad como una mesa de tres patas, el tercer sector seria uno de los tres pilares de la mesa, mientras que el Estado y el mercado representan los otros dos soportes.

No hace falta ser carpintero para saber que tres es él numero mínimo de patas para que una mesa se mantenga en pie. El tercer sector, o sea, los ciudadanos organizados, ejercen un arbitraje que es fundamental para que la sociedad no solo sea estable sino, incluso, posible.

En la Argentina, el sector social – un actor social muy joven y en proceso de maduración – ha sido excluido de las decisiones importantes de todo tipo que se tomaron durante la ultima década del siglo. En ese tiempo las organizaciones sociales solo aparecieron como parche de las responsabilidades de la salud, la educación y la contención social que el Estado abandono abruptamente. De ese modo, con las organizaciones ocupadas en atender la urgencia, el contralor necesario – que promueve la defensa de los derechos de los ciudadanos – no estuvo presente en el momento de asentar las bases del modelo económico que diezmo al país. La ausencia del poder fiscalizador del tercer sector y de la justicia permitió una salvaje corrupción que tuvo como único fin vulnerar los derechos sociales. ¿El objetivo? Permitir a una pequeña minoría retener todos los beneficios. Finalmente, la mesa apoyada en solo dos patas sucumbió a la ley de gravedad en diciembre de 2001.

Lo que pase en el futuro, la tan mentada gobernabilidad, dependerá de la firmeza con que el sector social asuma su rol histórico y se establezca como celoso defensor de los derechos sociales ante el Estado y el mercado. Es fácil recordar que este proceso que describimos para la Argentina es compartido por toda la región, donde la enorme mayoría de los países de América latina han atravesado de los mismos procesos: violencia política en los ´70, seguida de dictaduras militares. La consecuente destrucción del tejido social que impuso el terror en esos años paralizo cualquier respuesta social e hizo sencilla la instalación – poco tiempo después – de un modelo económico que destruyo las industrias nacionales y retrotrajo dos décadas las economías regionales hasta que hoy hemos vuelto al punto de inicio: nuevamente somos "El granero del mundo", es decir, exportadores de poco valor condenados a la pobreza.

El desafió al que nos enfrentamos es mayúsculo. Una posible salida a la crisis es revalorizar puertas adentro nuestras potenciales en capital humano y social. El primer paso para que esto sea posible es recuperar el equilibrio social. Para ello se necesita que las organización – como JUNCAF – y lideres del tercer sector estén dispuestos a asumir con toda plenitud su compromiso social.

 

LAS CONSECUENCIAS DEL HAMBRE
  • Desnutrición: hoy mueren tres niños por dia por desnutrición.

  • Bajo de peso al nacer: una madre desnutrida tiene 2,5 veces mas riesgo de tener un hijo de bajo peso al nacer y el doble de riesgo de tener hijos con retardo de crecimiento intrauterino.

  • Menor crecimiento: a los 18 años un niño de bajo peso de nacimiento tiene un promedio 5 kg. Menos de peso y 5 cm. Menos de talla que un niño normal.

  • Menor desarrollo: los niños con desnutrición tiene entre cinco y ocho veces mayor probabilidad de tener retraso intelectual que aquellos bien alimentados.

  • Menor fuerza muscular: a los 15 años un niño de bajo peso puede hacer 2,5 kg menos de fuerza en sus manos.

  • Mayor propensión a enfermedades crónicas: diabetes, obesidad, hipertensión.

  • Alto riesgo de vida: enfermedades coronarias y accidentes cerebro-vasculares.

Fuente: Grupo Sophia, 2003.

 

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