Pequeña reseña historica:
Luego de la segunda fundación
de Buenos Aires, el ganado vacuno y las caballadas que habían traído los
españoles se multiplican prodigiosamente.
Sin embargo, con el tiempo, los permisos de vaquería que autorizaban la
caza de los animales, traen como consecuencia un paulatino agotamiento de la
hacienda.
Nacen así los primeros asentamientos rurales que tienen como objetivo
dedicarse a la crianza extensiva del ganado. Luján, Quilmes, Morón, fueron
en sus orígenes poblaciones abocadas a la explotación vacuna.
Dentro de este escenario colonial, se encuentra el indio. Antes del
establecimiento de las estancias, las tribus nativas se apoderaban del
ganado que no tenía dueño y lo utilizaban como medio de subsistencia.
Cuando esta situación cambia, los aborígenes continúan con esta actividad
y se los comienzan a llamar malones.
Por este motivo, es que el virrey Juan José Vertiz decide establecer una línea
de fortines y fuertes que protejan el territorio ocupado por los españoles.
Con este propósito, se fundan, entre otros, los fortines de Chascomús,
Lobos, Navarro, Mercedes, Carmen de Areco, Salto, Rojas y Colón.
Vertiz quería fortificar todos los pasos sobre el río Salado, para que de
esta manera, los malones no pudieran cruzarlo con las haciendas obtenidas.
Por ello, decide llevar el Fuerte del Salto hacia la laguna del Carpincho.
Pero, las personas que vienen a estudiar el terreno recomiendan adelantar la
frontera hasta El Potroso, laguna cercana a la del Carpincho, y que daba
nombre a todo la zona. Esta región era el lugar clave para detener la
vuelta de los malones con el ganado de las ricas estancias establecidas en
Salto, Rojas y Arrecifes. Lo que se conoce hoy como Paso Piedras constituía
uno de los vados que facilitaban el cruce de la hacienda.
Pero, Vertiz no concretó nada de lo proyectado, como así tampoco los
gobiernos que sucedieron luego de 1810. En aquel entonces la prioridad era
concentrar todos los esfuerzos en afianzar la independencia. Después
surgieron otros problemas que postergaron por varios años el
establecimiento de la línea de frontera planeada por los españoles.
El Fuerte
El 27 de septiembre de 1826
el entonces presidente de la Nación, Bernardino Rivadavia, emite un decreto
en el que ordena establecer tres fuertes con el fin de ampliar la línea de
frontera. Uno de estos tres fuertes era el de El Potroso.
En Agosto de 1827, se designa a Juan Manuel de Rosas para que ocupe el
puesto de Comandante General de Fronteras.
El trazado del fuerte de El Potroso queda en manos del ingeniero Teodoro
Schuster, quien recomienda no levantar el fortín en el Cerrito Colorado,
tal como estaba previsto, sino hacerlo a 21 cuadras de ese lugar, en la
margen izquierda del río Salado.
En un primer momento, la tarea de levantar el fuerte estuvo en manos del
coronel Federico Rauch, quien se encontraba a cargo del Fuerte del Salto,
pero como no recibe la ayuda necesaria, pide licencia por enfermedad.
Entonces se encomienda la misión al Segundo Comandante, José Bernardino
Buenaventura Escribano.
Escribano recibe la orden de marchar hacia el lugar elegido, y el 27 de
diciembre de 1827 acampa junto con sus hombres en el lugar donde hoy está
ubicada la plaza principal. De esta manera queda fundado el Fuerte de la
Federación, que en aquel momento formaba un pentágono alargado desde las
proximidades de la que es hoy la Plaza 9 de Julio, hasta la actual Plaza
Alem .
Pero el trabajo recién comenzaba. El 4 de enero de 1828, Escribano escribe
a Rosas... "la abundancia de sabandijas que hay en este destino ha
puesto la caballada del regimiento que tengo accidentalmente a mi mando en
un estado de inutilidad que no cuento con ellos para un caso de repeler al
enemigo".
Distintos documentos de la época prueban la preocupación de Escribano por
sumar más hombres al fortín, y por cubrir las necesidades que tenían los
soldados y las familias de algunos de los soldados que se habían
establecido en el Fuerte de la Federación.
En marzo de 1828, el comandante Escribano pide licencia por enfermedad y es
reemplazado por Federico Rauch.
La situación en el fuerte es angustiosa. Así lo manifiesta Rauch en una
carta que envía al gobierno. En la misma dice: "las familias están a
la intemperie. Por la carestía de géneros y el escaso sueldo de los
maridos se hallan medio desnudas".
A fines de 1828, Rauch solicita permiso y Escribano vuelve a hacerse cargo
del fuerte, actividad que desempeña hasta septiembre de 1829, fecha en la
que es destituido del ejército, acusado de ser opositor al régimen
rosista.
En 1829 se produce en el fuerte un levantamiento encabezado por dos
caudillos del lugar. La sublevación es contenida gracias al accionar del
soldado Isidoro Suárez, quien en 1824 había participado en la batalla de
Junín por la libertad de Perú. En homenaje a su labor en la defensa del
fuerte se cambia el nombre Fuerte de la Federación y se lo comienza a
llamar Junín.
El año 1830 encuentra prácticamente abandonado y despoblado al fuerte.
Muchos de los ranchos están totalmente destruidos a causa del tiempo y de
los frecuentes ataques de los indios.
Reconstrucción del fuerte
Cuando Juan Manuel de Rosas
asume como gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires, el
fuerte vuelve a tomar su nombre original.
Rosas comienza a preocuparse por la reconstrucción del Fuerte de la
Federación. Llegan entonces al fuerte las provisiones que hacen posible el
establecimiento y la vida de nuevos pobladores. Se reparten las tierras
aledañas y se comienzan a sembrar distintos cultivos.
Es importante tener en cuenta que la recuperación del fuerte fue
consecuencia de los negociados que el gobierno de Rosas hizo con las tribus
de la región. Aunque además de los acuerdos, la campaña al desierto de
Rosas, que tuvo como objetivo no la ocupación sino el escarmiento de los
nativos, logró que el temor se apoderara de los aborígenes y que muchos se
pusieran bajo las órdenes del blanco.
En esta zona estaba el cacique Santiago Yanquelén, que junto con sus indios
pampas más un grupo de indios ranqueles se ubicaba en lo que hoy es el
puente del Morote y desde allí custodiaba al Fuerte de la Federación de
los ataques de los malones de las demás tribus. Yanquelén y sus hombres
eran considerados traidores por los otros aborígenes.
Durante el gobierno de Rosas, el comandante José Seguí se hace cargo del
fuerte. Seguí era un africano que había llegado al país integrando un
contingente de esclavos. Se une luego al ejército y se destaca en algunas
acciones. Perseguidor tenaz de indios y servidor fiel de Rosas, fue muy
severo durante los 12 años que duró su mandato. En 1863, su cuerpo fue
hallado totalmente destrozado en el campo que Rosas le había regalado.
Nuevo abandono del fuerte
En 1852, año en el que cae
el régimen rosista, el Fuerte de la Federación retoma nuevamente el nombre
de Junín. La situación es preocupante. Ya no está Rosas para negociar con
los indios. Repetidos malones arrasan el fuerte y obligan a sus pobladores a
buscar asilo y protección en el interior.
Para esta época no había ni cura ni médico. No había escuela ni iglesia
y los soldados carecen de las armas necesarias y de una alimentación
adecuada. La autoridad civil está a cargo del juez de Paz, José Eufrasio
Ruiz, ya que a partir de 1853, la autoridad civil se separa de la militar,
que es ejercida por el comandante del fuerte, que anteriormente reunía
ambos poderes.
Y a pesar de que desde 1854 existía la ley de organización municipal, Junín
no podía formar su municipalidad. El juez de Paz de ese momento, Pedro José
Aparicio, escribe : "los vecinos más capaces de desempeñar esos
cargos se han internado en otros pueblos con motivo de las frecuentes
invasiones de indios que ha sufrido esta zona".
Todo comienza prácticamente de cero cuando en 1857 se establece el nuevo
trazado del pueblo: la calle principal, hoy 20 de septiembre, y las
transversales, las manzanas para las casas de los habitantes, la iglesia, el
cuartel de las tropas, la escuela, la plaza de la guardia, la pulpería.
Y el 23 de marzo de 1861 se inicia en Junín el régimen municipal con 4
municipales, hoy concejales.
Un año antes, nacía la casa Basterreix. Frente a la plaza del pueblo, esta
casa de ramos generales y de acopio de cereales es hoy el edificio más
viejo que existe en Junín.
Aunque en 1864 se crea el partido, un año después Junín era considerado
un pequeño pueblito por el gobierno, tal como lo consignan los documentos
históricos. Cuenta para ese entonces con 1929 habitantes (diseminados en
las chacras y las estancias de la región), y 33 ranchos. Los registros
dicen : "El pueblito es un puesto militar compuesto por 33 casas,
algunos ranchos,886 habitantes, cuartel y escuela con 90 alumnos".
Pasa el tiempo y Junín crece. Se establece el alumbrado público con
faroles alimentados a kerosene, se instalan árboles en la plaza principal,
se construye el Cementerio Central, ya que en un primer momento se
encontraba donde está hoy la plaza Alem.
Llegan pobladores a la zona, atraídos por un motivo fundamentalmente : los
malones indios, luego de la campaña al desierto iniciada por Roca, ya no
constituían un peligro para los asentamientos.
Al haber más pobladores, nace la necesidad de comunicación. Surgen las
llamadas mensajerías que unen a Junín con los pueblos de Chacabuco,
llamada Guardia Nacional, y Chivilcoy.
El ferrocarril
A pesar del crecimiento que
empieza a despuntar en Junín, es el ferrocarril el que marca un antes y un
después en la historia del progreso y el desarrollo de la ciudad.
El primer tren, del ramal Ferrocarril Central Argentino, llega en 1880. Sale
de la ciudad de Luján y terminaba en Pergamino, donde se abrían dos
ramales, uno se dirigía hacia San Nicolás y otro a Junín, cuya estación
estaba en lo que es hoy la estación de ómnibus. Las vías corrían por la
actual avenida San Martín.
Como hacía en todas las ciudades en las que tenía estación, el Central
levanta un paredón a lo largo de la calle que hoy se conoce como 25 de
Mayo, desde Cabrera hasta Alberdi, donde había dos pasos a niveles.
En 1884 llega el ramal Buenos Aires al Pacífico, y dos años después los
talleres ferroviarios. Entre el paredón y las vías del nuevo ramal nace el
Pueblo Nuevo donde se ubican los habitantes ingleses que tenían a su cargo
a la organización y administración de los ferrocarriles. Vestigios de su
paso son el Colegio de San Marcos, el edificio de la administración, el
templo metodista.
Una importante oleada de pobladores se radican en Junín, muchos de ellos
inmigrantes, en su mayoría españoles e italianos que venían al país atraídos
por las leyes inmigratorias dictadas durante el gobierno de Julio A. Roca.
La cantidad de habitantes crece vertiginosamente. Antes de 1880, la población
no llegaba 2000 personas. En 1895, el censo establece que en Junín hay
aproximadamente 12.500 habitantes, contando los que se encuentran en la zona
rural y estaciones que, como Morse y Roca, que comienzan a nacer en la región.
Con el nuevo ramal se produce el loteo de la zona que se llamó Tierra del
Fuego, hoy Barrio Belgrano. Allí se ubicaron muchos de los nuevos
habitantes, trabajadores de los hoy desaparecidos talleres ferroviarios.
Otro fenómeno se produjo con la llegada de los ramales. Junín quedó
dividido en tres pueblos muy poco comunicados: el Pueblo Viejo, al norte del
paredón, el Pueblo Nuevo, entre el paredón y las vías del Buenos Aires al
Pacífico, y Tierra del Fuego.
Por este motivo cuando en 1912 el paredón es destruido gracias a las
pedidos de los vecinos del lugar, no hay tres Junín, sino dos, que aún hoy
continúan separados por las vías del ferrocarril.
Pero en 1937 y debido a la crisis del '30, el Central Argentino y el Buenos
Aires al Pacífico se fusionan. Ya no era necesario que existieran dos
estaciones para un mismo ramal, y las vías y la estación del Central
desaparecen.
Por la importancia que comienza a adquirir Junín, en 1892 una sucursal del
Banco Nación abre sus puertas frente a la plaza principal. Diez años después
lo hace el Banco Provincia. Y en esa mismo época nacen para el ocio y el
entretenimiento de los pobladores la confitería 9 de Julio y el Teatro
Italiano.
El Palacio Municipal, tal cual hoy lo conocemos, se construye en 1904.
Junín había crecido mucho. En los talleres ferroviarios trabajaban para
1906, 1607 obreros, dependiendo de ellos 6000 personas.
Por ello Junín es declarado ciudad en el año 1906.